El error del psicoanálisis: confundir la historia con el mecanismo

Hace unos días publiqué una crítica concreta al psicoanálisis:

El psicoanálisis estudia la historia que produjo una configuración mental, pero no interviene directamente sobre la configuración que hoy produce el problema.

Un psicoanalista respondió que mi error provenía de desconocer el concepto de transferencia.

Después añadió que señalar mi ignorancia no era una descalificación, sino una oportunidad de aprendizaje.

La conversación continuó alrededor de si yo comprendía o no suficientemente el psicoanálisis.

Pero ocurrió algo muy interesante.

En lugar de atacar el argumento, atacó al individuo que lo formuló.

Mi crítica estaba situada en una idea.

Su respuesta se desplazó hacia mí.

Y, sin proponérselo, terminó haciendo exactamente aquello que yo estaba criticando:

intervino en el lugar equivocado.

El argumento no estaba en mi historia

Mi afirmación podía ser correcta o incorrecta.

Podía discutirse.

Podía explicarse por qué la transferencia refutaba mi crítica, si realmente la refutaba.

Pero para hacerlo era necesario intervenir sobre el argumento.

Decir que el argumento es producto de mi ignorancia no lo vuelve falso.

Eso solo cambia el objeto de la discusión.

Ya no se analiza la idea.

Se analiza a quien la expresa.

Y esta sustitución se parece mucho al problema que señalo en el psicoanálisis.

Ante una persona que vive con ansiedad, culpa, miedo, celos o sufrimiento, el interés suele desplazarse hacia su historia:

¿Qué le ocurrió?

¿Qué relación infantil produjo esa manera de sentir?

¿Qué conflicto inconsciente está repitiendo?

¿De dónde proviene esa forma de relacionarse?

Todas esas preguntas buscan el origen de la configuración.

Pero el origen del problema y el mecanismo que lo sigue produciendo no son lo mismo.

La historia no es el mecanismo

Esta distinción es sencilla, pero cambia por completo el lugar de la intervención.

La historia explica cómo se construyó una manera de pensar, sentir o reaccionar.

El mecanismo explica qué operación está produciendo ese resultado en este momento.

No son sinónimos.

Una persona puede haber aprendido durante su infancia que necesita la aprobación de los demás para sentirse valiosa.

Esa es la historia de la configuración.

Pero esa infancia ya terminó.

Lo que hoy produce su ansiedad no es directamente lo que vivió hace años.

Es la regla que continúa ejecutándose:

“Si esta persona no me aprueba, significa que no valgo.”

La experiencia pasada pudo haber construido esa regla.

Pero es la regla actual la que produce el problema.

La causa de la causa

Por eso digo que muchas veces el psicoanálisis confunde la causa con la causa de la causa.

La historia es la causa de la configuración.

La configuración es la causa del problema actual.

El esquema sería así:

Historia → configuración → sufrimiento

Sin embargo, se estudia la historia esperando que, al comprenderla o reinterpretarla, cambie aquello que actualmente produce el sufrimiento.

El problema es que comprender cómo se formó una regla no equivale necesariamente a modificar la regla.

Se puede comprender perfectamente por qué una persona necesita aprobación y, aun así, continuar necesitándola.

Se puede identificar de dónde proviene su miedo al abandono y continuar experimentándolo.

Se puede explicar el origen de sus celos sin haber identificado con precisión la operación mental que los produce.

La comprensión histórica puede ser profunda.

Pero profundidad no significa precisión.

El ejemplo del programa

Imaginemos un programa de computadora que produce un resultado equivocado.

Podemos investigar quién lo diseñó.

Podemos saber en qué momento se escribió el código.

Podemos conocer las razones por las que el programador eligió determinadas instrucciones.

Incluso podemos reconstruir toda la historia del programa.

Pero el error no continúa porque su historia siga ocurriendo.

El error continúa porque una instrucción sigue ejecutándose.

La historia explica cómo llegó esa instrucción hasta ahí.

La instrucción explica por qué el programa sigue fallando.

Para corregir el resultado no es necesario regresar al momento en que se escribió todo el programa.

Es necesario localizar la operación que produce el error y corregirla.

Con la mente sucede algo semejante.

¿Y la transferencia?

La objeción del psicoanalista fue que la transferencia es una actualización.

Y es verdad.

La transferencia ocurre en el presente.

Pero que algo ocurra en el presente no significa necesariamente que se esté interviniendo directamente sobre su mecanismo.

La transferencia sigue siendo comprendida como repetición o actualización de relaciones, conflictos y significados cuya explicación se encuentra en la historia del sujeto.

Es decir, el pasado reaparece en el presente y es interpretado desde esa relación histórica.

Mi crítica no es que el psicoanálisis intente viajar literalmente al pasado.

Mi crítica es que sigue organizando la comprensión y la intervención desde el origen histórico de la configuración.

Actualizar la historia no es lo mismo que abandonar la historia como lugar central de explicación.

La transferencia puede traer el fenómeno al presente.

Pero continúa leyéndolo como expresión de aquello que lo produjo.

Y esa es precisamente la diferencia que estoy señalando.

El costo de intervenir en el lugar equivocado

Cuando se confunde la historia con el mecanismo, la intervención puede prolongarse durante meses o años.

No necesariamente porque el problema sea demasiado profundo.

Sino porque se está recorriendo un camino indirecto.

Se investiga cómo se formó la configuración, esperando que esa comprensión termine modificando el mecanismo.

Códica parte de otra distinción:

La historia explica el origen. La configuración explica el resultado.

Por eso busca identificar directamente la regla, la instrucción o la forma de organización que produce el problema actual.

Cuando esa operación se identifica con precisión, el cambio puede ser inmediato.

No porque la historia no importe.

Sino porque la historia y el mecanismo no son lo mismo.

La crítica concreta

Mi crítica al psicoanálisis no consiste en afirmar que no conoce la mente.

Tampoco en negar que tenga una teoría compleja sobre su arquitectura.

La crítica es más específica:

Estudia la arquitectura mental desde la historia que la produjo, pero no distingue con suficiente precisión entre comprender la formación de esa arquitectura e intervenir directamente sobre su operación actual.

Y esa diferencia importa.

Porque una cosa es saber por qué existe un problema.

Otra es saber qué lo produce.

Una cosa es comprender el origen de una instrucción.

Otra es corregirla.

Una cosa es estudiar la causa de la configuración.

Otra es intervenir sobre la configuración que causa el sufrimiento.

El psicoanalista quiso explicar mi argumento estudiando mi desconocimiento.

Pero mi desconocimiento, real o supuesto, no era el mecanismo del argumento.

Para responderlo, debía intervenir en la idea.

Quizá por eso aquella conversación resultó tan reveladora.

Terminó mostrando, en pocos comentarios, el mismo error que yo estaba señalando:

buscar la explicación en el individuo cuando el problema estaba en la estructura del argumento.

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