Cuando el amor no explica lo que está ocurriendo

Cuando una persona permanece en una relación que le hace daño, solemos asumir que conocemos la respuesta.

Amor.

Parece evidente.

Si sigue ahí, debe ser porque ama demasiado.

Si no puede alejarse, debe ser porque sus sentimientos son demasiado intensos.

Si continúa esperando, debe ser porque todavía está enamorada.

La explicación parece tan razonable que pocas veces nos detenemos a cuestionarla.

Pero ¿qué ocurriría si el amor no fuera suficiente para explicar lo que estamos observando?

Un problema con la explicación tradicional

Si el amor fuera la causa principal por la que las personas permanecen en relaciones dañinas, entonces deberíamos esperar algo muy concreto.

Toda persona que ama profundamente debería tener dificultades para marcharse.

Y, sin embargo, eso no es lo que vemos.

Existen personas que aman profundamente y aun así deciden alejarse cuando reconocen que una situación se ha vuelto perjudicial.

No dejan de amar.

No dejan de sentir.

Simplemente concluyen que permanecer ya no tiene sentido.

Entonces aparece una pregunta incómoda.

Si dos personas pueden amar con intensidad similar y tomar decisiones completamente distintas, ¿estamos seguros de que el amor es la variable que estamos buscando?

Lo que muchas veces mantiene a una persona ahí

Observa las frases que suelen aparecer en estos casos:

“Quizá cambie.”

“Tal vez necesita más tiempo.”

“Esta vez parece diferente.”

“No quiero rendirme demasiado pronto.”

Curiosamente, ninguna de estas frases habla de amor.

Hablan de posibilidades.

Hablan de expectativas.

Hablan de escenarios futuros.

En otras palabras, la persona no siempre permanece por lo que está viviendo.

Muchas veces permanece por lo que espera que ocurra.

El poder de una posibilidad

Existe algo particularmente atractivo en las posibilidades.

No necesitan demostrar nada.

No necesitan funcionar.

No necesitan producir resultados.

Pueden permanecer intactas durante años.

Mientras la realidad tiene que enfrentarse constantemente a los hechos, las posibilidades solo necesitan seguir siendo posibles.

Y eso les otorga una enorme ventaja.

Porque una posibilidad puede parecer perfecta incluso cuando la realidad lleva mucho tiempo mostrando lo contrario.

Cuando la esperanza deja de ayudar

La esperanza suele considerarse una virtud.

Y muchas veces lo es.

Pero también existe un momento en el que la esperanza deja de acercarnos a la realidad y comienza a alejarnos de ella.

Ese momento ocurre cuando la expectativa empieza a tener más peso que la evidencia.

Cuando lo que podría ocurrir se vuelve más importante que lo que efectivamente está ocurriendo.

Cuando una promesa futura comienza a importar más que una experiencia presente.

En ese punto, la persona ya no está tomando decisiones basadas en la relación que tiene.

Está tomando decisiones basadas en la relación que imagina.

Una pregunta que rara vez hacemos

Cuando alguien no logra alejarse de una relación dañina, solemos preguntar:

“¿Por qué sigues amándolo?”

Pero quizá esa no sea la pregunta más útil.

Quizá una pregunta más interesante sería:

“¿Qué sigues esperando que ocurra?”

Porque ambas preguntas apuntan en direcciones completamente distintas.

La primera dirige la atención hacia las emociones.

La segunda dirige la atención hacia las interpretaciones.

Una posibilidad diferente

Durante años hemos asumido que los problemas emocionales dependen principalmente de lo que sentimos.

Pero ¿qué ocurriría si, en muchos casos, dependieran más de cómo interpretamos lo que estamos viviendo?

¿Qué ocurriría si dos personas sintieran emociones similares, pero reaccionaran de manera distinta porque están organizando la información de formas diferentes?

¿Qué ocurriría si el verdadero problema no fuera la intensidad del amor, sino la manera en que la mente evalúa determinadas posibilidades?

No afirmamos que esta sea la única explicación.

Pero sí creemos que es una pregunta que merece ser explorada.

Porque mientras seguimos atribuyendo ciertos fenómenos exclusivamente a las emociones, podríamos estar dejando fuera una parte importante de la ecuación.

Y quizá esa parte sea precisamente la que explique por qué algunas personas consiguen avanzar mientras otras permanecen atrapadas durante años en la misma historia.

1 comentario

La verdad si es cierto necesitamos ayuda porque se normaliza saber que ya no es amor sino codependecia me gustaría contactar para una session de codica

Maria Castaneda

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